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–El enigma de Gisors

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No voy a desvelar aquí ningún nuevo misterio sobre el Temple, ni sus enigmáticos secretos. Solo quiero hacer mención a un hecho acaecido  en Gisors durante la  segunda mitad del siglo XX, hechos constatados, fuera de la ambigua e interesada interpretación de las leyendas.

La localidad francesa de Gisors fue un antiguo feudo templario durante el s XII. El condado de Gisors perteneció a Blanche D`Evreux, también llamada Blanca de Navarra (1332-1398).Fue hija de Juana II y Felipe III de Navarra. Entre sus títulos, Condesa de Longeville, Evreux, Gisors y otros menos oficiales como Maestre del Temple durante un periodo en el que se suponía que la Orden había sido abolida por la Iglesia. Fue experta alquimista y aficionada a temas esotéricos.

Este pequeño paréntesis sobre Gisors y su misteriosa condesa tiene cierta relevancia en la novela aunque el conocimiento de ello no os llevará ni por asomo a acercaros al motivo de su influencia en la obra. La novela no trata sobre los templarios, aunque en  determinados momentos se hace un pequeño guiño al mundo que lo rodea.

Continuo con el artículo. A mediados de siglo, un jardinero llamado Lhomoy, aficionado a la arqueología, aseguraba haber encontrado un antiguo subterraneo junto a una capilla repleta de arcones y cofres. A pesar de haber conseguido los permisos estatales necesarios, el Ayuntamiento nunca autorizó las excavaciones y cuando lo hizo, las condiciones que impuso fueron tan leoninas que hicieron que Lhomoy y sus socios desistieran del proyecto. Según Lhumoy, la cripta ocupaba trescientos metros cuadrados y poseía un altar y varias estatuas de Jesús y sus Apóstoles. Además, existían junto a los muros, diecinueve sarcófagos de piedra y treinta y tantos cofres de metal. Lo raro del caso fue que nadie, ante la posibilidad de tamaño descubrimiento hiciera nada por desatascar el asunto. Solo se trataba de ensanchar la estrecha galería por la que se había deslizado  Lhomoy. Parece como si alguien estuviera interesado en evitar el descubrimiento del subterraneo.Algunos podrían pensar que  incombustibles fieles, protectores del lugar, custodiaban el secreto  hasta el momento en que este emergiera por voluntad propia.O simplemente fuera un conflicto de intereses económicos ante un hipotético tesoro. Baste echar una ojeada a las disputas entre Gobiernos y empresas buscadoras de tesoros, que litigan hoy en día por los derechos del oro de los pecios españoles hundidos en sus travesías hacia España.

Más curioso aún. En 1962, veinte años después del último intento de Roger Lhomoy, el ministro de cultura francés André Malraux reabrió el caso reanudándose las obras. Tras inexplicables parones y a falta tan solo de un par de metros para llegar a la supuesta cripta, el lugar se declaró zona militar, paralizándose definitivamente las excavaciones.

Supongo que si el Gobierno francés lo hubiera encontrado, reposaría en estos momentos en algún museo. Si no lo hizo público, es porque lo que allí se encontró no debía ser mostrado al público. Un secreto esotérico que el pueblo no podía conocer.

También es posible que simplemente no se encontrara nada.

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